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La mentalidad del emprededor como clave del éxito en todo negocio

Mentalidad se define generalmente como la disposición o actitud mental o la inclinación de una persona hacia algo. El espíritu emprendedor en sí mismo es un modo de pensar. Para ser un empresario exitoso se necesita creatividad y una mentalidad emprendedora.

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“Si lo sueñas puedes lograrlo” decía Walt Disney.

Soñar es la primera de una serie de motivaciones que conducen al emprendimiento. La claridad con la que un empresario vislumbra su vida y su futuro hace que disponga de una mayor facilidad en la puesta en marcha de sus proyectos empresariales.

Sin embargo, no todos logran lo que sueñan Si bien convertirse en empresario es un sueño personal, para lograrlo se requiere mentalidad emprendedora, es decir, saber combinar, entre otros factores, el talento y el trabajo para transformar su destino.

“Entrepreneurial” deriva de la palabra francesa emprendedor (o entrepreneur) se refiere a una persona que tiene ideas nuevas, empresas o negocios y está dispuesta a ser responsable de cualquier riesgo que implica su ejecución  y también es responsable de los resultados. “Entrepreneurial” se refiere a la calidad de actuar o pensar como un emprendedor. La mentalidad del emprendedor. Hace referencia a resolver problemas de maneras creativas, con pocos recursos, en un ambiente de riesgo, en búsqueda de crear valor para la sociedad.

La mentalidad emprendedora ayuda a  establecer un negocio y a tener un crecimiento constante, desarrollar múltiples negocios, y a sacar el máximo provecho de cada oportunidad.

El emprendimiento es una manera de pensar, actuar, razonar y proceder centrada en las oportunidades, con visión global y ejecutada con liderazgo equilibrado y gestión de riesgo calculado. Es necesario tener una mentalidad emprendedora para operar un negocio y crear una empresa. La mentalidad emprendedora consiste en pensar fuera de la caja y crear y buscar  constantemente oportunidades.

Andy Freire explica que todo proceso emprendedor combina 3 componentes:

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Como podemos ver, el punto de apoyo es el emprendedor. Y si bien la mentalidad emprendedora también se relaciona con los medios disponibles, la capacidad del emprendedor y el deseo, también se encuentran factores específicos del entorno.

La mentalidad es forjada desde su niñez temprana. La educación, entorno social y físico y también al conjunto de sus vivencias y experiencias adquiridas durante el transcurso de su vida, influyen en la manera en que pensamos. El conjunto de los pensamientos adquiridos componen la mentalidad, o actitud, este estado de disposición psicológica, adquirida y organizada a través de la propia experiencia determinará creencias, decisiones y la forma de actuar.

Hace diez años atrás nadie hablaba de emprendedores, ni de startups, ni de buenas ideas llevadas a la práctica, pero hoy, después de varias experiencias exitosas, esto cambió, y la cultura de los emprendedores está creciendo a pasos agigantados. Actualmente, la trayectoria profesional del emprendedor en América Latina es más atractiva que en el pasado, en parte a causa de la amplia gama de oportunidades que permiten sacar provecho del bajo coste y de las tecnologías electrónicas. La actividad emprendedora está siendo más aceptada en la región, a medida que crece la percepción del emprendedor como una persona exitosa. Hoy Argentina se ubica como uno los 20 países con más emprendedores a escala mundial.

Pero emprender en América Latina no es tarea fácil. Emprendedores de la región expresan que no se necesita una suma muy grande de capital, para denominarse a uno mismo emprendedor, pero es necesario dedicarse de lleno al proyecto para conseguir libertad financiera a largo plazo. Por otra parte, los empresarios en América Latina deben enfrentar circunstancias económicas y políticas como devaluaciones de la moneda e incertidumbres económicas y políticas, que quizás en otros países estos periodos no representan una variable para el empresario.

La educación también influye en la mentalidad del empresario latinoamericano. En general, el término actitud designa un estado de disposición psicológica, adquirida y organizada a través de la propia experiencia. Cuando se castiga en exceso el fracaso está matando el emprendimiento y venimos de esa cultura que tiene que ver con la cultura más latina. Mucha gente identifica el fracaso con hacer algo malo, mientras que, por ejemplo en EE.UU, se ve el fracaso como una oportunidad de aprender.

El emprendimiento no se trata sólo acerca de empezar nuevos negocios, se trata acerca de promover un cambio cultural. Se trata acerca de cambiar nuestra mentalidad de queja, por una mentalidad de acción. Se trata acerca de tomar las riendas de cualquier asunto para resolver los problemas que nos rodean y así, crear un mejor futuro compartido.

El ya mencionado, Andy Freire es un ejemplo de un emprendedor argentino muy exitoso y dinámico. A los 24 años, sin temor al fracaso y guiado por la convicción de que lo iba a lograr, renunció a un puesto en Procter&Gamble, y creó una de las mayores empresas de venta de artículos de oficina por Internet: OficeNet. Luego fundó una consultora corporativa, Axialent. Después de 10 años dejó la compañía para financiar su nuevo proyecto, Restorando.

Para Freire la pasión, la determinación y la inteligencia emocional son algunas de las capacidades que deben guiar a todo aquel entusiasta dispuesto a correr el riesgo de crear un proyecto nuevo. “La diferencia entre los buenos emprendedores y los malos no es la cantidad de desafíos que emprenden sino la capacidad de responder a esos desafíos de una manera distinta”, señala el empresario.

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